miércoles, 29 de junio de 2022

Guía del Veraneante (1932-1962)


 










Publicación anual de la Empresa de Ferrocarriles del Estado que formó parte de su programa de fomento al turismo nacional y reflejó la conformación de un imaginario particular sobre Chile, en el que destacaron principalmente su modernización y belleza natural.

publicación turística que la Empresa de Ferrocarriles del Estado editó anualmente entre 1932 y 1962. Junto con la revista En Viaje y otros servicios anexos, formó parte del programa de fomento al turismo nacional que la empresa inició en la década de 1930.

 Su objetivo fue entregar información útil para los turistas. En sus páginas, estos pudieron encontrar descripciones sobre sitios de interés turístico ordenados geográficamente e información práctica para visitarlos, tales como mapas, itinerarios y tarifas de ferrocarriles, listados de hoteles, entre otros. La revista también se caracterizó por su atractivo material gráfico, el que se reflejó en sus coloridas portadas y en la participación de destacados artistas y fotógrafos en ella, tales como Alfredo Araya (1893-1954) y Roberto Montandón (1909-2003).

 La Guía gozó de gran popularidad en Chile y, de acuerdo a los historiadores Ian Thomson y Dietrich Angerstein, formó "parte de los hábitos de lectura y de las bibliotecas de miles de hogares chilenos" (Historia del Ferrocarril en Chile, Santiago: DIBAM, 2000, p. 286). En 1942 llegó a tener un tiraje de 50.000 mil ejemplares, los que eran distribuidos a nivel nacional e internacional (cf. María Carolina Casals. La Empresa de Ferrocarriles del Estado y el desarrollo del turismo en Chile: 1925-1975. Santiago, 1999). Por ello, la revista fue un importante espacio de propaganda de los atractivos turísticos nacionales, entre los que se encontraban no solo aquellos relacionados al concepto de veraneo (como balnearios, lagos y termas), sino que también otros asociados al turismo urbano y deportivo.

A través de la selección y promoción de estos destinos turísticos en la Guía, el Estado contribuyó a la creación de una imagen del país caracterizada por su modernización y belleza natural. En este imaginario, el sur de Chile ocupó un lugar protagónico y fue destacado en sus números principalmente por sus paisajes y naturaleza (cf. Rodrigo Booth. "Turismo y representación del paisaje. La invención del sur de Chile en la mirada de la Guía del Veraneante (1932-1962)". Nuevo Mundo: Mundos Nuevos, 2008 [En línea]). En contraste, el norte del país no fue incluido en la revista sino hasta diez años después de la publicación de su primer número.

 A lo largo de los años, la revista experimentó varios cambios. En la década de 1930 su tamaño fue reducido para hacerlo más "práctico y manual" (Guía del Veraneante 1935-1936. Santiago: Talleres Gráficos de los FF.CC. del E, 1935). También incorporó secciones especiales destinadas a entregar información práctica sobre aspectos como la pesca, las canchas de esquí nacionales, las propiedades de las aguas termales, etcétera. Además en la década de 1950, Oreste Plath (1907-1966) comenzó a colaborar en la redacción de Guía. En esa época, la revista empezó a incorporar nuevos contenidos, tales como información sobre folclor nacional, elementos típicos chilenos y otros propios de la cultura indígena.

En 1962 Ferrocarriles del Estado publicó el último número de la Guía del Veraneante, que el año siguiente pasó a llamarse Guía turística de Chile. De acuerdo al primer número de esta nueva publicación, el cambio de nombre se realizó "por estimar que no sólo sirve al veraneante sino que también su material es una información permanente sobre Chile y su pueblo fuerte y gentil, formado por una naturaleza tan bella como austera" (Santiago: Empresa de Ferrocarriles del Estado, 1963, p. 1).


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