Publicación anual de la Empresa de Ferrocarriles del
Estado que formó parte de su programa de fomento al turismo nacional y reflejó
la conformación de un imaginario particular sobre Chile, en el que destacaron
principalmente su modernización y belleza natural.
publicación turística que la Empresa de Ferrocarriles del
Estado editó anualmente entre 1932 y 1962. Junto con la revista En Viaje y
otros servicios anexos, formó parte del programa de fomento al turismo nacional
que la empresa inició en la década de 1930.
Su objetivo fue entregar información útil para los
turistas. En sus páginas, estos pudieron encontrar descripciones sobre sitios
de interés turístico ordenados geográficamente e información práctica para
visitarlos, tales como mapas, itinerarios y tarifas de ferrocarriles, listados
de hoteles, entre otros. La revista también se caracterizó por su atractivo
material gráfico, el que se reflejó en sus coloridas portadas y en la
participación de destacados artistas y fotógrafos en ella, tales como Alfredo
Araya (1893-1954) y Roberto Montandón (1909-2003).
La Guía gozó de gran popularidad en Chile y, de acuerdo a
los historiadores Ian Thomson y Dietrich Angerstein, formó "parte de los
hábitos de lectura y de las bibliotecas de miles de hogares chilenos"
(Historia del Ferrocarril en Chile, Santiago: DIBAM, 2000, p. 286). En 1942
llegó a tener un tiraje de 50.000 mil ejemplares, los que eran distribuidos a
nivel nacional e internacional (cf. María Carolina Casals. La Empresa de
Ferrocarriles del Estado y el desarrollo del turismo en Chile: 1925-1975.
Santiago, 1999). Por ello, la revista fue un importante espacio de propaganda
de los atractivos turísticos nacionales, entre los que se encontraban no solo
aquellos relacionados al concepto de veraneo (como balnearios, lagos y termas),
sino que también otros asociados al turismo urbano y deportivo.
A través de la selección y promoción de estos destinos
turísticos en la Guía, el Estado contribuyó a la creación de una imagen del
país caracterizada por su modernización y belleza natural. En este imaginario,
el sur de Chile ocupó un lugar protagónico y fue destacado en sus números
principalmente por sus paisajes y naturaleza (cf. Rodrigo Booth. "Turismo
y representación del paisaje. La invención del sur de Chile en la mirada de la
Guía del Veraneante (1932-1962)". Nuevo Mundo: Mundos Nuevos, 2008 [En
línea]). En contraste, el norte del país no fue incluido en la revista sino
hasta diez años después de la publicación de su primer número.
A lo largo de los años, la revista experimentó varios
cambios. En la década de 1930 su tamaño fue reducido para hacerlo más
"práctico y manual" (Guía del Veraneante 1935-1936. Santiago:
Talleres Gráficos de los FF.CC. del E, 1935). También incorporó secciones
especiales destinadas a entregar información práctica sobre aspectos como la
pesca, las canchas de esquí nacionales, las propiedades de las aguas termales,
etcétera. Además en la década de 1950, Oreste Plath (1907-1966) comenzó a
colaborar en la redacción de Guía. En esa época, la revista empezó a incorporar
nuevos contenidos, tales como información sobre folclor nacional, elementos
típicos chilenos y otros propios de la cultura indígena.
En 1962 Ferrocarriles del Estado publicó el último número
de la Guía del Veraneante, que el año siguiente pasó a llamarse Guía turística
de Chile. De acuerdo al primer número de esta nueva publicación, el cambio de
nombre se realizó "por estimar que no sólo sirve al veraneante sino que
también su material es una información permanente sobre Chile y su pueblo
fuerte y gentil, formado por una naturaleza tan bella como austera"
(Santiago: Empresa de Ferrocarriles del Estado, 1963, p. 1).
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